El pasado sábado 18 de junio falleció mi papá, después de una «exitosa» cirugía a corazón abierto, con muchos planes y ganas de vivir. Esta es sin duda la experiencia más difícil de mi vida, no puedo comparar con nada lo que viví el último mes y lo que he sentido desde su partida hasta este momento.
Agradezco la vida y formación que me dio, su gran ejemplo sus enseñanzas y todos los bellos recuerdos. Lo ame, lo respete, lo admire no solo como papá, también como persona, sobresalía en todo lo que participaba, era muy inteligente, preparado, elocuente. Fue contador, fotógrafo, cronista, columnista, periodista, crítico, repartidor de periódicos, pero sobre todo fue un padre ejemplar, esposo fiel, abuelo como ninguno y gran amigo.
Hace ya un año nos enteramos que mi papá padecía una insuficiencia cardiaca, que su válvula aórtica no estaba funcionando bien lo que había provocado un crecimiento en su corazón, sabíamos que se tendría que someter a una cirugía, sabíamos que no sería fácil y que después de eso tanto su vida como las nuestras cambiarían para siempre.
Durante todo ese año él estuvo atendiéndose, acudiendo a todas sus citas, cuidando su alimentación, tomando sus medicamentos y con toda tranquilidad llevaba a cabo todas sus actividades como normalmente lo hacía. En las mañanas se levantaba temprano a poner «el café» salía y caminaba hasta su oficina, en el trayecto saludaba a los vecinos con afectuosa atención. Ya en su oficina volvía a poner «el café» revisaba sus pendientes, desayunaba, se acomodaba en sus escritorio y se disponía a escribir. Si cierro mis ojos lo puedo ver claramente ahí inclinado en su silla muy inspirado escribiendo, tengo muy presente el sonido de la máquina, su expresión intelectual. Se acomodaba sus lentes, los bajaba un poco y se acercaba cuando tenía que corregir algo y en ocasiones comenzaba a leer el párrafo, sin aviso, solo compartía un poco de su escrito, tampoco pedía opinión.
En ese pequeño lapso de tiempo pudo organizar sus cosas, tomo algunas decisiones, salió de paseo, tomo muchas fotos y escribió mucho.
10 de mayo. Celebramos juntos el día de las madres, ese día se nos olvidó por un momento todo lo q estaba por suceder, menos a él, que se sirvió varios tequilas bien cargados, aun que sabíamos que no estaba bien, nadie dijimos nada, supongo que de cierta manera el sentía q eran sus últimos tragos de alcohol.
11 de mayo ingresa al Centro Médico Nacional de Occidente, en la torre de especialidades. Ya en el hospital era admirable verlo, tranquilo, positivo, agradecido con el personal (excepto que no le daban su café) disfrutaba la compañía de mi mamá entre semana y de mi hermano los fines de semana, leía el periódico y platicaba paso a paso todo lo que estaba sucediendo a su alrededor, incluso cuando le realizaron el cateterismo que fue su primer procedimiento, me asombro y me encanto escuchar de su propia boca toda la experiencia, con lujo de detalles y utilizando términos médicos con aquella familiaridad. Él era como una enciclopedia. No he conocido una persona más sabia que mi papa, la habrá estoy segura, solo q yo no la conozco.
En la cabecera de su cama había un par de hojas impresas en las que se leían sus datos de afiliación y otras especificaciones, le divertía remarcar los errores ahí impresos (tenía cierta compulsión por corregir todo) y con risa burlona nos platicaba a cada uno de los q entrabamos de visita, el número de seguridad social y sexo estaban equivocados, vivió 37 días en el hospital, así con esa tranquilidad y buen humor.
Varios días antes de la cirugía, nos indicaron que tendríamos que completar 8 donadores de sangre y 2 de plaquetas, esta tarea fue difícil, pero en este lapso aprendí mucho, aprendí que existen personas de corazón bondadoso que aun sin conocerte están a dispuestos a ayudar, que sembrar amistades por la vida si rinde frutos, que te sorprenderías de saber quién esta tan dispuesto a tenderte la mano, que todavía existen los vecinos que tocan a tu puerta ofreciendo ayuda, que verdaderamente la familia no te abandona aunque por momentos se desatienda, que mis hermanos y yo somos un gran equipo y juntos podemos lograr grandes cosas. Se valora tanto a una persona que está dispuesta ayudar en esos momentos. Yo viví mucho estrés en esos días, pensé que no podríamos, mi papa jamás se molestó o desesperó, el solo esperaba paciente y se le iluminaba la cara de agradecimiento cada que se reunía un donador más.
13 de junio día de la cirugía. Cada uno de mis hermanos y mi mama tendrán una diferente apreciación de este día, así como de la relación que cada uno tuvimos con mi papa, que para cada uno era la más especial, él siempre se las arregló para hacernos sentir «el favorito» el «a mí me quiere más» ni siquiera puedo explicar la clase de cariño y atención que ese hombre nos dio, tan personalizada, tan particular, tan para cada cual.
La clínica solo permitía un visitante por paciente, ese único día no obedecimos esa indicación, hermanos y mamá entramos al cuarto, platicamos lo que vendría después, planeamos un viaje familiar, hablamos de lo rejuvenecido que estaba y que después de la cirugía se vería y sentía aún mejor, incluso me pidió que después de su recuperación le tapara un poco sus canas, lo abrazamos, tomamos algunas fotos; hay momentos en mi cabeza que aparecen como en cámara lenta, como una película, y la risa de mi papa domina la escena, en momentos casi no hablaba, parecía que solo nos quería escuchar, volteaba de un lado a otro observando a cada uno de sus hijos sonreía y asentía con la cabeza, ese fue nuestro último día como familia. A las tres de la tarde lo recogió el camillero para llevarlo a quirófano, lo acompañamos por el pasillo hasta la sala de cirugía ahí nos despedimos por primera vez, ese fue el único momento en que lo vi tragar saliva, pude sentir como se apretó su estómago, le di un beso y le hice prometerme que lo vería al siguiente día. Con gran seguridad en sus ojos me contesto «Si, nos vemos mañana» Casi a las doce de la noche nos informaron que el procedimiento había concluido exitosamente y mi papa se encontraba en excelentes condiciones. No lo podríamos ver hasta las ocho de la mañana del siguiente día.
14 de junio último gesto de amor. La visita de las 8:00am era solo para una persona, limitada a 5 minutos.
Aun sedado entubado. En esa ocasión yo no pude entrar. La siguiente visita a las 6:00pm se limitaba a 3 personas 15 minutos cada una. Por fin entre a verlo después de todo un protocolo de higiene y reglamentos. Este fue uno de los momentos más impactantes, verlo ahí con una herida enorme que le separaba el pecho, una mascarilla de oxígeno mil cables en todo su tórax y rodeado de aparatos de monitoreo. Su expresión seguía siendo de tranquilidad hasta este punto, con trabajos volteo a ver mi cara, la doctora me explico que no podía y no debía hablar, su garganta estaba lastimada por el tubo del respirador, su condición en ese momento era grave, pero normal dada la naturaleza de la operación; entre todos los aparatos, estaba conectado a un marcapasos externo que lo ayudaba en la función de su corazón, el cual retirarían en cuanto su pulsación se normalizara, ese parecía un detalle simple pero al final fue determinante. Yo no dejaba de decirle cosas en su oído, ya no puedo recordar cuales fueron mis palabras, buscaba la manera de acariciarlo por lo menos pero casi no había espacios en su cuerpo que no tuvieran cables, acaricie su hombro y su mano, cuando sintió mi mano en la suya, me apretó, volteo e intento decirme algo pero las palabras no salían, más bien salieron un par de lágrimas, lo bese y le pedí que no se esforzara, en ese momento su mano se movía en la mía acariciándome, no podía mover ninguna otra parte de su cuerpo así que solo acaricio mi mano y yo sentí su cariño como siempre.
Los siguientes dos días todo parecía estar marchando excelente, al igual que mis hermanos yo había regresado a mis responsabilidades, esperaba en fin de semana para verlo otra vez, para celebrar el día del padre con globos y regalos, ya estábamos haciendo planes para el día que lo dieran de alta, quien lo iba recoger como lo atenderíamos en casa, incluso estábamos planeando su fiesta de cumpleaños. El que la cirugía hubiese sido un éxito, para todos era la mejor noticia, razón suficiente para celebrar una oportunidad de vida para todos.
17 de junio día de San Ismael. Mi hermano salió temprano a Guadalajara como todos los viernes para que mi mamá pudiera venir a su casa a descansar, pero ese día en particular ella no quiso regresar, ese fue uno de los días más extraños, desde que me levante sentía algo oprimiendo mi pecho, una tristeza enorme, no quería hablar con nadie, y yo solo me preguntaba ¿por qué? si ya lo peor había pasado, intentaba explicarme a mí misma que era todo el estrés la preocupación y el cansancio de los días anteriores, una de mis tías me recordó que ese día se celebraba a San Ismael; recordé lo importante que era esa celebración en mi casa, mi abuelo Ismael, mi papa Ismael, mi hermano Ismael y mi primo Héctor Ismael se reunían en la casa de los abuelos con toda la familia, se servía una rica comida y que no faltara el tequila. Pero este día de su santo fue otra cosa para él, yo conforme pasaban las horas sentía más la presión del pecho y la tristeza cada vez más profunda, días después entendí que esto era una clase de señal de lo que mi papa vivió ese día, mi hermano nos informó por la tarde que mi papa estaba «un poco» mal. No nos quiso preocupar, la realidad es que su corazón estaba fallando. Quince minutos antes de los doce recibíes la llamada, mi hermano avisando que mi papa volvió a terapia intensiva por una complicación, que los doctores pidieron autorización para actuar inmediatamente en lo que se pudiera presentar. Nos pidió también que fuéramos cuanto antes.
18 de junio. Al siguiente día, en el camino iba asustada, preocupada, pensando lo peor en momentos, pensando positivo en otros momentos, pero a fin de cuentas lo único que quería era llegar y escuchar su voz una vez más, o sentir una caricia como la de la última vez. Para el momento en que llegamos al hospital mi hermano ya tenía el corazón partido, ya los doctores le habían dicho que solo era cuestión de horas, el corazón de mi papá ya no funcionaba y todos sus órganos fallarían de uno por uno, a este punto ya había fallo renal, era la una de la tarde y tendríamos que esperar hasta las seis para entrar con él, conforme pasaban las horas yo trataba de convencerme de que ocurriría un milagro y que todo saldría bien, me quebraba la cabeza escogiendo las palabras que le diría, me partía el corazón pensar en despedirme, ni siquiera sé si él sabía lo que le estaba sucediendo y si no sabía yo no quería que se enterara. Llegadas las seis diez de la tarde mi hermana Carmen entró a visita, después seguiría yo y al final Tere; Isabel apenas venía en camino.
Carmen lo vio aún con vida por unos tres o cuatro minutos, yo ya no volví a ver sus ojos, sentí su piel tibia y suave pero ya no me acariciaba. El cuadro era más o menos igual que la última vez cables y aparatos por todas partes, solo que en esta ocasión toda estaba apagado, la expresión de mi papa seguía siendo de tranquilidad, su cara relajada, descansada.
En ese último momento también le hable en su oído, y estoy segura de que él me estaba escuchando, pero en esta ocasión no hubo apretón en mi mano, ni intento de palabras, ni mirada ni lágrimas, solo yo hablando con él. No me despedí, pues entendí que a partir de ese momento las cosas serían así ya nunca sentiré su presencia físicamente, y no contestara a mis preguntas con lujo de detalle y palabras rebuscadas, pero nunca dejaremos de hablar, definitivamente mi papa no murió en esa cama y la relación tan especial que había entre nosotros no desapareció, pero cambió de forma, ahora a mí me toca saber interpretar la presencia de mi padre que será hermosa igual que lo fue su existencia.
19 de junio. Como una broma de la vida lo enterramos un día del Padre.
«Entre mi padre y yo había una relación tan profunda que, en el momento
en que murió, yo sentí en mi pecho su ataque cardíaco. Y me dolió
profundamente…»-Jack Canfield & Mark Victor Hansen
E.P.D.
Ismael Limón Tejeda